sábado, 28 de julio de 2012

La pequeña Sofí

El sol de la mañana acariciaba su rostro mientras ella se balanceaba una y otra vez en aquel columpio oxidado. Aquel columpio que la estaba viendo crecer, en el parque donde su madre la llevaba todos los fines de semana para que se despejara de todos los problemas que tenía en el colegio y en su casa.

Era una niña bastante introvertida, veía a sus compañeros de clase como una pandilla de ignorantes, no sabían nada acerca del mundo que les rodeaba. Ella con apenas 11 años ya había aprendido a dominar tres idiomas; el inglés, el francés y el latín. Éste último era una lengua muerta sí, pero le servía para escribir su diario secreto. De hecho no era tan secreto, ya que lo dejaba siempre encima del escritorio de su habitación pero como estaba en perfecto latín nadie se enteraba de nada.
Había perdido a su padre a la edad de 4 años y su madre había hecho todo lo posible por inculcarle de alguna forma un recuerdo de su padre, de aquel hombre que siempre le compraba golosinas cuando él, por cuestiones de trabajo, llegaba un día o dos después de la fecha indicada. A Sofí, siempre le gustaba que su padre le leyese cuentos antes de irse a dormir. Un día o dos antes de volver su padre llamaba a casa para decir la fecha concreta de llegada y Sofí la señalaba en su calendario; ese día se quedaba despierta hasta que su padre volvía y le leía un cuento. Pero cuando no llegaba a tiempo, la pequeña Sofí, se mantenía despierta toda la noche pensando que su padre podía llegar de un momento a otro y que si la encontraba dormida no le leería su cuento y si no le lee el cuento ella no soñaría consigo misma y su padre, agarrados de la mano, caminando juntos por el parque en el que ella juega ahora cada fin de semana.
Si había algo que consiguiese consolar a la pequeña Sofí eran las golosinas, como a cualquier niño de su edad le encantaban las golosinas pero a ella en particular le fascinaban las formas y colores; se preguntaba cómo podían haber ositos rojos o amarillos o verdes, se preguntaba cómo podían hacer tanto ruido en su boca unos caramelos tan pequeñitos, de dónde sacaban tanta leche las vacas para hacer cartones y cartones de leche y que los mercados pudiesen venderlos. De hecho se preguntaba muchas cosas continuamente.

En este momento, mientras sentía cómo cogía velocidad balanceo tras balanceo, se preguntaba qué pasaría si saltaba cuando alcanzase el punto más álgido que pudiese alcanzar un columpio. ¿Podría llegar al cielo? ¿o su cuerpo movido por la gravedad le haría estrellarse contra el suelo? Desde luego las cosas que se preguntaba no era de una niña de once años, al menos no de una niña normal. Siempre había tenido curiosidad por todo. Por la muerte, por la vida... pero no era algo a lo que le tuviese miedo, lo veía cada día. Veía plantas muertas, fruta podrida, guerras en todas partes del mundo, siempre había visto el mundo como algo caótico, donde lo único seguro era la muerte. Así que había asumido que tardara más o menos iba a acabar muriéndose. Esperaba que más tarde que temprano.
Empezó a coger cada vez más impulso, mientras el columpio se elevaba más y más, y cada vez más alto. Llegó un punto en que tuvo la sensación de que el columpio iba a girar sobre sí mismo y fue en ese momento exacto, justo cuando su estómago le pidió que hiciera paso para dejar pasar el almuerzo, cuando ella se impulsó una vez más y saltó del columpio hacia el cielo.
Notó como su cuerpo se separaba del columpio, notó cada centímetro de su vestido separándose de la superficie porosa del columpio, pensó en caminar sobre el aire pero no podía; en cambio sí que podía volar, sentía como se elevaba cada vez más alto. Sentía los rayos del sol sobre su rostro, sentía cómo se bañaba en una piscina de luz y calor, cada vez más luz y más calor. Empezó a sudar, gotas de sudor resbalan por su frente. Parecía eterna aquella subida...
De pronto, aquella luz del astro rey se volvió blanca y de esa luz surgió una sombra. Un hombre, que se dirigía recto hacia ella y la llamaba por su nombre - Sofí, Sofí, cariño. Soy yo, soy papá. Cariño, mírame bien -, ella quería girar el rostro hacía atrás pero recordó que ella a donde quería ir era hacia delante, hacia arriba concretamente. Así que cogío fuerzas y miró, miró aquel rostro. Era exactamente igual al que su madre le había enseñado en fotos, pero tenía algo distinto, tenía la mirada triste. De repente, aquel hombre la abrazó y le dijo:
- Cariño, has venido. Has conseguido venir, pero ahora mismo no te toca estar aquí, no es tu hora. No puedo decirte lo que hay en el lugar del que vengo pero puedo asegurarte que no es nada malo, disfruta de todo cuanto puedas y sigue como hasta ahora; sin mirar atrás. Cariño, me alegro de verte, te quiero, adiós -. Y acto seguido la sombra de aquel hombre se desvaneció, ella sintió un calor inconmensurable en su corazón y sintío como caía, caía con tal delicadeza que decidió dormir un poco, sentía la necesidad de dormir. Horas más tardes se despertó en su cuarto, rodeada de su madre y sus dos tías. Todas hablando entre sí y suspirando. Cuando por fin consiguió abrir los ojos sin que sufriera con la luz de la habitación, su madre, que no se había separado de ella en toda la semana, empezó a dar gritos de alegría haciendo de dominio público el despertar de su hija. Sofí, por otra parte, se extrañó de la expectación que había causado su sueño y preguntó a qué se debía tal alteración, fue entonces cuando los presentes le explicaron que hacía una semana, cuando estaba jugando en el columpio, hubo un momento en el que resbaló del columpio y se dió un golpe fuerte en la cabeza. El doctor había dicho que probablemente no se despertaría pero como estaba viendo sí que lo hizo.
Cuando Sofí explicó lo que realmente había pasado todos se rieron, todos excepto su madre. Sus tías le explicaron que eso fue producto de los medicamentos e inyecciones que el doctor le había procurado pero que nada de eso había sido real. Sofí en cambia sabía que sí, que todo había sido muy real y cuando se lo contó a su madre en circunstancias más íntimas, ésta empezó a llorar y entre soñozos le explicó a Sofí que había soñado con su padre hacía unos días y que, en sueños, éste le dijo que no se preocupara por Sofí que estaba bien y que de un momento a otro despertaría como si nada. Desde entonces madre e hija estuvieron más unidas que nunca y visitaban cada semana aquel columpio que tanto había hecho por su relación.

jueves, 26 de julio de 2012

La triste historia de una historia triste

Érase una vez un escritor triste, en un solitario estudio, de la zona céntrica de su gris ciudad. Un día de cielo nublado, decidió sentarse junto a su televisor, para ver si viendo algún programa del corazón le venía de repente la inspiración, su musa desnuda, que hiciera que brotaran de él palabras de dura crítica social y a su vez rememorar tiempos pasados.
Durante un par de horas estuvo viendo tales programas, notaba cómo el cerebro empezaba a disminuir poco a poco, haciéndose cada vez más pequeños esos miles de filamentos neuronales que conectaban unos pensamientos con otros produciéndole un colapso mental. La pérdida de todo atisbo de lógica.


Ya no eran dos sino cuatro las horas que llevaba viendo aquel programa. De pronto se encontraba balbuceando cosas sin sentido como: "¡qué puta es la Bermúdez ésta!"...
El programa acabó, él se levantó y se dirigió a su mesa, abrió el portátil, se dispuso a escribir la mejor novela de su vida. Iría de algo triste, pues se sentía triste, desganado. Comenzó a darle vueltas, necesitaba encontrar un tema, después un comienzo y un final, y un nexo entre ambos.

Lo tenía claro, el tema sería su vida.

Hasta la fecha todo le había salido mal. Se divorció dos veces; habiéndolo perdido todo. Perdió su casa, después el coche, después la custodia de su hija Alisa y de su hijo Moriel, de dieciséis y cuatro años respectivamente. Perdió las ganas de trabajar, las ganas de vivir. Hasta que un día encontró una especie de relato corto en una libreta perdida, dentro de una de sus múltiples cajas marrón grisacéas carcomidas por el paso del tiempo y el esfuerzo del olvido. La caligrafía era conocida para él... y tanto, como que era suya. Recordó haber escrito un pequeño relato sobre la corta vida de un pez en una bañera, lo que le hizo ponerse a pensar. Le entró el gusanillo de la literatura, empezó a empaparse de libros sobre cómo escribir novelas, comenzó a leer todo tipo de novelas hasta poder definir el tipo de novela que él quería hacer. Entonces lo tuvo claro, simplemente quería plasmar sus ideas, sus sentimientos, su vida.

Nuestro simpático escritor se puso a pensar sobre su vida, sobre cómo había llegado hasta aquel estudio vacío, sin recuerdos, no tenía nada excepto una foto de una familia feliz... Entonces volvió a tenerlo claro, necesitaba un giro dramático para su novela. Abrió el cajón más polvoriento de su mesa, cogió el revolver, giró la silla y mirando aquella fotografía, aquel recuerdo, apoyó la pistola sobre sus labios. No tuvo valor, cerró los ojos y disparó. Y a la luz de la televisión, aquella familia feliz vió cómo la sangre se desparramo por el suelo, llenando aquella tenue luz de la pantalla de su portátil...

martes, 24 de julio de 2012

I, me, mine.

Bueno, antes de nada, creo que debería hacer una breve descripción de mi persona. Mi nombre es Cristina, soy de Málaga y tengo 25 años; aunque por mi físico suelo aparentar un par de años menos (a mí no me preguntéis, me suelen echar 22-23, ¡culpa mía no es!). Soy una persona con ciertos principios, además bastante clásica en algunos aspectos. Clásica que no conservadora, conste.

Creo en el amor y en la amistad, aunque también creo que la mayoría de la gente no sabe ni lo que es una cosa ni lo que es la otra, pero hablar de ambas es algo que cualquiera puede hacer. A mi parecer, creo que las cosas hay que demostrarlas. A mucha gente le sucede que no distingue entre una persona con la que puede salir un día por la noche o tomarse un café incluso, a una persona con la que puede contar siempre, la gente está muy mal acostumbrada y es muy egoísta. El problema viene después, porque si tú has sido egoísta y sólo has mirado por ti es de esperar que nadie vaya a mirar por ti mínimamente, aunque también es verdad que nadie va a estar siempre para guardarte las espaldas. Hay que ser fuerte y pensar que, en el fondo, estás solo en muchos aspectos. Pero a mí me gusta ser amiga de mis amistades; me gusta escucharles, ayudarles, disfrutar de su compañía, etc. Para mí hacer ciertas cosas no es una obligación moral, me gusta tener amigos de verdad y me gusta cuidarles, aunque es verdad que a veces no se me da muy bien. Hay que tener en cuenta que cada uno tenemos nuestros propios problemas y es difícil estar pendiente de todos en un momento dado, pero los amigos de verdad lo entienden (o al menos lo intentan).

Soy un poco maniática y perfeccionista en algunos aspectos, suelo ser algo idealista en lo que al amor se refiere. No es que espere un jinete en un corcel blanco, ni mucho menos. Dentro de lo que cabe soy realista pero creo en la "media naranja" o, al menos, en algo parecido. Creo que hay personas con las que conectas desde un primer momento, personas que acaban conociéndote mejor que tú mismo y personas con las que se podría pasar la eternidad, personas que te enamoran con una mirada. Lo que no creo es que ese tipo de personas estén a la vuelta de la esquina esperándome con un ramo de rosas blancas y una caja de bombones (sí, flores y bombones, ya he dicho que soy algo clásica). Pero una no pierde la esperanza, a veces las ganas de conocer a alguien sí pero la esperanza no, jejejejeje.

La verdad es que, últimamente, he pensado mucho en lo que quiero para mí en lo que a relaciones sentimentales se refiere, y aunque por ahora me conformo con algún rollo que otro, sé, en el fondo, que quiero algo más. Pero no busco novio, busco más bien... algo especial.
Hace poco una persona me preguntó cómo es mi tipo de hombre ideal, en lo que al físico se refiere me suelen gustar morenos, canijos, más altos que yo aunque no muy altos, eso no. Y no sé, con las manos finas y una sonrisa maravillosa pero últimamente me fijo más en cómo es la persona, más que en el físico, que para mí es algo secundario.
Imagino que como toda mujer me gustaría alguien que me escuchase, que confiase en mí y que me demostrara que yo puedo confiar en él. Podría decir tantas cosas sobre cómo me gustaría que alguien fuese pero, la gente es como es, no como una quiere que sea y sabiendo esto me fijo más en cómo me gustaría que me trataran y joder, por muy estúpido que suene, me gustaría que, al menos, me trataran como a una mujer.
Pero entiendo que soy una persona difícil, estar commigo es bastante difícil de llevar. Yo vivo con mis padres y, en estos momentos, ni estudio, ni trabajo así que suele dar la sensación de que soy una vaga o una persona irresponsable, cosa que no me considero en absoluto pero bueno. También hay que tener en cuenta los límites que supone vivir con los padres; como el hecho de tener un horario establecido (tanto para salir como para volver) y tener que dar explicaciones para hacer cualquier cosa, eso, en una relación del tipo que sea, limita mucho y o se acepta o será un obstáculo siempre. También soy difícil por el hecho de que soy una persona un poco insegura, quizás sea por las relaciones anteriores que he tenido, por eso será también que me cuesta tanto confiar en alguien. Pero bueno, a todos nos a mermado en algún aspecto de nuestra forma de ser, nuestras relaciones anteriores, lo que yo (y todo el mundo debería hacer) es intentar dejar de lado todo eso para que no se interponga en una posible relación.

Pero bueno, no sé, me considero una persona con la que se puede hablar de todo, o casi, que últimamente los tíos tienen la manía de hablarme de todas las tías "buenorras" de sus vidas y a mí ya me está bajando el autoestima a unos niveles insospechados. Pero bueno, me gusta escuchar a la gente. Aunque al final acabo pensando que tengo más cosas malas que buenas (sí, también soy algo pesimista XD).
Lo único bueno de verdad que creo que tengo es que lucho por lo que quiero y por quien quiero, sin pensar si me estaré equivocando o no, quizás sea algo impulsiva pero mejor me dejo llevar por el corazón que por la estupidez que hay en mi cabeza.