jueves, 10 de enero de 2013

Ojo de Halcón y el milagro de Amairani (2ª Parte)

"...kono kaoru kaze ni kirakeyo
                    Sore: Ichi, ni, san!"

- Aaah, ¡qué mañana tan espléndida! - Corrió rápidamente las cortinas y una ráfaga de viento tumbó varias revistas dispuestas en fila, encima de la mesa que se situaba detrás de ella, mesa en la que había pasado horas y horas trabajando para su nuevo proyecto en la revista del instituto. Su nueva obra de arte, un nuevo shōnen en el que llevaba meses y meses dejándose la piel. Había hecho decenas de bocetos y ya tenía fijados los que iba a entintar, después se los pasaría a su amigo del alma, Salva, para que aplicara las tramas necesarias. Estaba convencida de que esta vez la Shōnen Jump requeriría de sus servicios. A ella no parecía importarle nada más.

Cogió la esterilla que enrollada con mucho cuidado guardaba todos los días debajo de la cama, la estiró con fuerza y se descalzó para acto seguido alzarse sobre ésta al ritmo de una ruidosa voz que sólo decía "ichi, ni, san! ichi, ni, san!" de forma constante y en un tono desagradablemente agudo.

Tras los ejercicios matutinos bajó corriendo las escaleras.

- Hija, vas a llegar tarde a tu primer día de clase. Y a ver si dejas de escuchar esa música japonesa tan rara, que te estás volviendo muy rara, ¿no te estarás haciendo una de esas emos raras de ahora, no?

- Okaa-san! No digas tonterías. Yo soy una chica totalmente normal, es sólo que tengo un gusto diferente al resto pero eso no me hace ser peor que las demás. Si acaso soy mucho mejor, que mi gusto es exquisito.

- Mira niña, coge algo para desayunar y tira p'al instituto que te voy a dar un guantazo que vas a llegar hace dos horas. Como llegues tarde verás la que te espera. Tira ya p'al insti. Y otra cosita, a mí me hablas bien que no te quiero volver a escuchar idioteces, aquí se habla castellano, ¿estamos?.

- Sí, mamá. ¡Me voy a clase!

Ya en el instituto corrió directa a la clase que le tocaba, pegó a la puerta y esperó.

El profesor la hizo pasar indicándole con la cabeza un asiento vació al fondo de clase mientras le profesaba un odio profundo por haberle hecho interrumpir la clase. Pero ella se quedó de pie y susurrándole al profesor al oído le hizo una petición. El profesor accedió con un notable resoplido, se sentó en su asiento y la dejó hablar:

- Buenos días, mi nombre es Muriel, soy aries y mi número de la suerte es el 8. Espero ser una buena compañera, gracias.

miércoles, 9 de enero de 2013

Ojo de Halcón y el milagro de Amairani (1ª Parte)

"¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHH!!!"

Auria corría sin parar, saltaba cada piedra, esquivaba cada árbol que se le ponía en su camino. Notaba sus venas arder, su pecho latir y sus músculos se tensaban intensamente. Con cada respiración, cada movimiento, preparaba su cuerpo para estar a plena capacidad.
Había llegado ya a la planicie de donde creyó que había salido aquel grito. No había nada más que oscuridad y un poco de humareda. Pensó entonces que probablemente habían acampado por la zona recientemente. Otro grito se escuchó cercano. Puso el cuerpo en tensión y volvió a correr como si la llevase el diablo, el pelo parecía gritarle en su propio idioma pero lo único que conseguía era mecer el cabello largo y dorado del que Auria siempre había estado orgullosa. Al final alcanzó una espesura y atisbó una bestia enorme, nunca vista antes por el hombre. Debajo de ésta había una chica tapándose la cara con los brazos.
Auria no cesó de correr mientras veía aquella escena que se plantaba delante de sus ojos, mientras corría analizaba cada elemento de su alrededor, y corría, y corría y de repente tomó impulso desde una de las altas piedras que por allí se recostaban y mientras se mantenía en el aire cerró los ojos y con una seguridad inimaginable atravesó la cabeza de la bestia de lado a lado, ésta rugió de dolor y en un vano intento de atrapar a Auria tropezó consigo mismo, cayendo de bruces al suelo. Auria, que poseía una gran destreza, consiguió zafarse antes de que la bestia cayera y clavarle la última estocada en el pecho. Pero la chica, a que no le había dado tiempo de ver nada, no consiguió reaccionar a tiempo, quedando una de sus piernas atrapadas debajo de la masa sanguinolenta de la bestia.