"...kono kaoru kaze ni kirakeyo
Sore: Ichi, ni, san!"
- Aaah, ¡qué mañana tan espléndida! - Corrió rápidamente las cortinas y una ráfaga de viento tumbó varias revistas dispuestas en fila, encima de la mesa que se situaba detrás de ella, mesa en la que había pasado horas y horas trabajando para su nuevo proyecto en la revista del instituto. Su nueva obra de arte, un nuevo shōnen en el que llevaba meses y meses dejándose la piel. Había hecho decenas de bocetos y ya tenía fijados los que iba a entintar, después se los pasaría a su amigo del alma, Salva, para que aplicara las tramas necesarias. Estaba convencida de que esta vez la Shōnen Jump requeriría de sus servicios. A ella no parecía importarle nada más.
Cogió la esterilla que enrollada con mucho cuidado guardaba todos los días debajo de la cama, la estiró con fuerza y se descalzó para acto seguido alzarse sobre ésta al ritmo de una ruidosa voz que sólo decía "ichi, ni, san! ichi, ni, san!" de forma constante y en un tono desagradablemente agudo.
Tras los ejercicios matutinos bajó corriendo las escaleras.
- Hija, vas a llegar tarde a tu primer día de clase. Y a ver si dejas de escuchar esa música japonesa tan rara, que te estás volviendo muy rara, ¿no te estarás haciendo una de esas emos raras de ahora, no?
- Okaa-san! No digas tonterías. Yo soy una chica totalmente normal, es sólo que tengo un gusto diferente al resto pero eso no me hace ser peor que las demás. Si acaso soy mucho mejor, que mi gusto es exquisito.
- Mira niña, coge algo para desayunar y tira p'al instituto que te voy a dar un guantazo que vas a llegar hace dos horas. Como llegues tarde verás la que te espera. Tira ya p'al insti. Y otra cosita, a mí me hablas bien que no te quiero volver a escuchar idioteces, aquí se habla castellano, ¿estamos?.
- Sí, mamá. ¡Me voy a clase!
Ya en el instituto corrió directa a la clase que le tocaba, pegó a la puerta y esperó.
El profesor la hizo pasar indicándole con la cabeza un asiento vació al fondo de clase mientras le profesaba un odio profundo por haberle hecho interrumpir la clase. Pero ella se quedó de pie y susurrándole al profesor al oído le hizo una petición. El profesor accedió con un notable resoplido, se sentó en su asiento y la dejó hablar:
- Buenos días, mi nombre es Muriel, soy aries y mi número de la suerte es el 8. Espero ser una buena compañera, gracias.
coming soon... "The Coment" XD
ResponderEliminarEsto esta muy parado. Aqui tienes un fan esperando leer tus historias y desvarios ;) Gambare!!! Bss!
ResponderEliminarA ver, deja de liarme o comentas con uno o comentas con otro... y puedes esperar sentao.
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