Buenas, amigos y amigas, este blog ha sido creado para compartir experiencias con vosotros. Estoy deseando que le echéis un vistazo al blog, espero que os guste y, por supuesto, siempre se aceptan críticas constructivas.
martes, 20 de noviembre de 2012
Melisa y su sombra (1ª Parte)
La oscuridad envolvía cada rincón de la casa, notaba la dificultad para percibir las cosas. La sangre se agolpaba en las sienes, el aire parecía insuficiente, miles y miles de ideas pasaban por su mente como fugaces meteoritos estrellándose contra la tierra, destruyendo todo al paso.
Melisa siempre había tenido dificultades para dormir, de noche su cabeza era un volcán burbujeando ideas, escupiendo miedos que salpicaban cada gramo de cordura de su mente, ella sufría porque no podía parar de pensar. No era una persona muy lista, había tomado muchas decisiones erróneas a lo largo de su vida y no se daba mucha cuenta de lo que pasaba en el mundo, hecho que la hacía bastante ingenua. Pero ella era feliz así, viviendo en una determinada ignorancia. Claro que, de noche, cuando más tiempo a solas consigo tenía era cuando se preguntaba qué estaba haciendo con su vida, lo peor es que no era sólo ese tipo de preguntas las que solía hacerse. Realmente le preocupaba mucho más el ahora inmediato, la gente cercana (o la ausencia de ella), etc.
Horas se pasaba preguntándose qué había pasado para haberse quedados sin amigos, sin gente que se preocupase por ella, sola. Y no lo entendía muy bien, no era una chica que fuese con maldad, nunca hería intencionadamente los sentimientos de nadie y, si lo hacía, era la primera en sentirse mal y disculparse. A veces parecía que vivía más para el resto que para sí misma. Siempre intentaba caer bien, sin dejar de ser ella. Simplemente intentaba dar lo mejor de ella pero le resultaba frustrante, ya que nunca recibía lo que esperaba. Sus amigos siempre le aconsejaban que no esperase nada de nadie y que no hiciese nada para recibir lo mismo y eso ella lo entendía.
Melisa era una persona a la que le gustaba dar cariño y que se lo diesen, así que cuando daba un beso, un abrazo o se abría por un instante y te hablaba sobre sus sentimientos esperaba algo a cambio, porque era una persona que cuando posaba cierta confianza en ti y se abría esperaba que tú también te abrieses a ella pero hay gente muy reservada en esta vida y para ella eso era duro, porque tampoco era una persona que comentase sus sentimientos así como así, por lo que cuando lo hacía y la otra persona era incapaz de abrirse (o simplemente no quería) ella se sentía muy triste.
Una de esas preguntas era sobre por qué cuando ella decidía confiar en alguien y abrirse (normalmente cuando sentía algo por un hombre), la otra persona era incapaz de contar nada, se preguntaba si era porque ella sentía algo y ésta otra persona no o si es que no confiaba en ella o si simplemente él sabía que a ella no le iba a gustar lo que tuviera para contar y optaba por el silencio.
Por supuesto ella siempre acaba pensando lo peor; cuando se trataba sobre una amiga pensaba que ésta ya no la quería ver más porque era aburrida, quizás algo engreída, impertinente o por miles de cosas más, cada una peor que la anterior. Si se trataba de un tío la cosa cambiaba, Melisa tendía a pensar que el tío la había utilizado, o quizás ella había pedido demasiado, o quizás ella... en fin, siempre se autoinculpaba de practicamente todo. No podía evitarlo, ella sabía que algo fallaba y siempre había creído que ese algo era ella, pensaba que no encajaba en este mundo. No le gustaban las personas, había tenido mucha vida social en el pasado pero nunca se había sentido a gusto y ahora que nadie la quería lo echaba de menos. Pero no echaba de menos el hecho de salir de fiesta rodeada de gente, echaba de menos el hecho de que alguien la echase de menos a ella, de que se preocupasen por ella, porque en el fondo es lo que toda mujer quiere, que se preocupen por nosotras, que quieran cuidarnos.
Melisa no era nada fuera de lo común respecto a lo que buscaba en un hombre, de hecho era una persona sumamente clásica en muchos aspectos. Le gustaban las flores frescas, sobre todo las rosas blancas, también le gustaban los bombones; una vez al año se compraba una "caja roja de Nestle", sus bombones preferidos, para disfrutarlos aunque nadie la quisiera, aunque nadie la cuidase. Por eso Melisa valoraba mucho cierto tipo de detalles en un hombre, valoraba el hecho de que los hombres se preocupasen por ella o no y hasta qué punto, si la cuidaban, las prioridades de éstos (si preferían salir con sus amigos o con ella), el nivel de implicación (si le presentaba a compañeros de trabajo, amigos, conocidos, etc. o, por contra, la excluía de su vida social, manteniéndola al margen), también se cuidaba mucho con las palabras, lo que decía, lo que realmente quería decir, lo que callaba y, por tanto, no sentía o no pensaba, etc. Melisa siempre pensaba en todo, quizás una de sus perdiciones, porque acertaba en la inmensa mayoría de los casos. Melisa se había vuelto una persona solitaria, dejó de saber estar con la gente, dejó de sentir lástima por las personas que le rodeaban, dejo de creer en el amor y eso fue algo que le hizo sentir vacía, ya no latía el corazón cuando veía a una pareja besarse, cuando veía a unos amantes palpar por debajo de la ropa. Dejo de creer en sí misma, dejó de creer que sería la media naranja de alguien, que sería la madre de los hijos de alguien, dejó de pensar en los besos, los abrazos y las miradas de ternura que le profesaría al hombre que quisiera pasar con ella el resto de su vida. Se cerró tanto en sí misma que se perdió.
Melisa se levantó, se colocó en el sillón y miró intranquila a la cama, como si hubiese algo extraño allí, después se fijó en la sombra que proyectaban sus pies descalzos, le parecían feos, pensaba que hasta la sombra era fea. Fijó la vista en el espejo y miró detenidamente la sombra que proyectaba recostada en el sillón, como una señora mayor que ha vivido mucho y quiere morir en paz, como una persona gris con un oscuro futuro, como el resto de vino en una copa, sabiendo que ya nadie va a querer mojar sus labios en él. Y la sombra se movió.
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